martes, 4 de mayo de 2010

La instauración del debate ideológico y la distorsión de la democracia

Con la negativa del Presidente de la República, a firmar el acuerdo democrático suscripto por los líderes de los principales partidos políticos, quedó en evidencia el abismo conceptual que existe en relación a las formas de democracia válidas, entre una mayoría importante de los líderes políticos más representativos , el Presidente de la República y quizá, su anillo más cercano.

En este sentido, es importante entender el momento histórico que vive el Paraguay y los desafíos que actualmente se presentan en términos de construcción de valores democráticos. Como no pasaba desde hace mucho, el debate ideológico se hace presente en la realidad política nacional con una fuerza inusitada, posiblemente a raíz del gran tsunami que representó la caída del partido hegemónico en el poder luego de larguísimos años.

La victoria de Lugo necesariamente iba a sacudir las estructuras de poder gubernamental, exigiendo al mismo tiempo la revisión de temas que por mucho tiempo estuvieron en un segundo plano, por falta de voluntad política manifiesta de quienes ostentaban el poder en esos tiempos, o simplemente por incapacidad o desidia para abordarlos, la reforma agraria, la soberanía nacional en Itaipu y Yacyretá, la reforma educativa son algunos de los temas que desde la asunción del gobierno de Fernando Lugo han tenido una presencia casi constante en la discusión política.

El otro aspecto que, desde la aparición de Lugo en el plano político se presenta, es el ideológico, y en este sentido, hoy está más instaurado que nunca con la negativa del Presidente a firmar un acuerdo democrático que contiene no sólo citas formales sobre aspectos constitucionales que establecen el tipo de Estado que tenemos sino, por sobre todas las cosas, define el modelo de democracia, las características principales del sistema democrático que adopta nuestro país constitucionalmente.

El Presidente Lugo no solo se negó públicamente a suscribir el acuerdo, sino que lo hizo argumentando las razones de dicha negativa, y aquí es donde se complica el tema, puesto que evidencia, según sus propias expresiones públicas, la intención de implantar un modelo DISTINTO AL ACTUAL.

¿Y cuáles son las características formales del modelo de democracia actual? El respeto irrestricto a la Constitución y las leyes, la división de poderes, la libertad de expresión, el respeto a la propiedad privada, la justicia social, la participación ciudadana a través del sufragio como principal herramienta de poder, la libre existencia de partidos políticos que aseguren una pluralidad de opciones, es decir una “democracia Burguesa” según las propias palabras del Presidente y a la cual el no va a atenerse por no estar de acuerdo. Se entiende que el calificativo de burgués es usado en un sentido peyorativo, descalificativo, del mismo modo en que lo hace Chávez cuando habla de cerrar campos de golf en Venezuela por considerarlo un deporte “burgués”.

En este punto es importante insistir en esto, es más que evidente que tenemos un sistema democrático absolutamente limitado, frágil, y con numerosos aspectos que deben revisarse y mejorarse si es necesario, pero eso no justifica la negación total del sistema en sí mismo, ni mucho menos buscar reemplazarlo por otros mecanismos supuestamente más democráticos pero que a la larga terminan validando procesos autoritarios en nombre de la “soberanía popular”.

Sería importante que desde el Ejecutivo se aclare entonces cuál es la democracia que están buscando implementar para el Paraguay… una participativa al estilo Venezuela de Hugo Chávez, o de Correa en Ecuador? Que basan la participación del pueblo en organizar escuadrones civiles para escrachar o atentar contra todo aquel que piense distinto al régimen? Porque si lo que se pretende es dar mayor CONTENIDO a la democracia, profundizarla, no se explica la negativa del Presidente de firmar el acuerdo democrático, en el que se defiende la DEMOCRACIA por encima de los calificativos de representativa o participativa, que en el fondo no se excluyen una de otra sino todo lo contrario pueden COMPLEMENTARSE armoniosamente y de hecho en la Constitución Nacional ambas están incorporadas con ese espíritu.

El Presidente equivocó el camino, por decisión propia o lo que es peor por asesoramiento, en lugar de adoptar esta actitud reactiva, hubiese sido interesante verlo en una actitud más propositiva, convocando a los interesados en firmar el acuerdo y en todo caso sugiriendo los cambios que creía convenientes. Lo que se espera del Presidente de la República son actitudes de liderazgo político, y que se constituya en el coordinador principal de las intenciones de los distintos sectores, capaz de moderar las diferencias hasta con sus opositores de turno.

La polarización de la sociedad, basada en falsas premisas ideológicas, como ocurre en Venezuela no es el camino indicado para profundizar los cambios que nuestro país requiere, los valores democráticos son siempre los mismos, provengan de un modelo representativo o participativo, lo que debemos hacer como ciudadanos es estar atentos y dispuestos a defenderla de quienes pretenden distorsionarla.


(Agosto de 2009)

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