martes, 4 de mayo de 2010

La imperiosa necesidad de trascender los límites partidarios

La cultura política en el Paraguay desde siempre se caracterizó por lo adversarial, por el conflicto, por la defensa a ultranza de la parcela que corresponde a cada sector político. Posiblemente de un tiempo a esta parte dicha actitud mezquina se haya profundizado a niveles en los que hoy nos encontramos.

La característica esencial de toda comunidad política es la posibilidad del disenso, del debate, y en ese sentido los partidos políticos representan las ideas y sentimientos de grandes sectores de dicha comunidad política, sirven como plataforma en donde se plantean las posiciones y formas determinadas de ver la realidad y actuar de acuerdo a ello. Esto es correcto, inevitable y además saludable para todo sistema que se precie de ser democrático.

La distorsión se produce cuando en la dirigencia política no existe capacidad para ver más allá de las diferencias e intereses particulares, cuando no son capaces de distinguir que por encima de los intereses que defienden existen los intereses nacionales que no pueden detenerse ni mucho menos subordinarse a las cotidianas rencillas por el poder.

Al consultársele sobre el tema, Pepe Mujica expresó cuanto sigue…. “El partidismo hay que saber manejarlo, porque si uno se deja arrastrar por él, éste toma un carácter, no de pasión, que es sana, sino de fanatismo, y ahí podes hacer cada tajo que puede ser irreparable, la política en un sistema representativo es una negociación permanente…hay que aprender a vivir con las contradicciones” y lo dice nada más y nada menos un ex guerrillero, que aprendió a entender la lógica de lo que significa vivir en democracia y la necesidad imperiosa de negociar en política para alcanzar los objetivos.

En ese sentido tanto Uruguay como Chile son ejemplos de cómo, en momentos históricos puntuales, la clase política comprendió lo realmente primordial para que luego todo lo demás funcione: y esto tiene que ver con priorizar los grandes intereses nacionales. En ambos casos, y merced a la enorme cultura democrática, sobre todo en el Uruguay, se pueden hablar de experiencias exitosas de respeto a los intereses nacionales en primer lugar por encima de lo partidario o sectario.

Ya Teodosio González en su libro “Infortunios del Paraguay” advertía sobre la incapacidad de los dirigentes políticos en nuestro país para establecer acuerdos, agendar temas comunes de interés nacional y trabajar sobre ellos, al respecto sostenía cuanto sigue: ”Desde la conclusión de la guerra, los destinos del Paraguay han estado en manos de politiqueros y no de políticos. Después de sesenta años de acción, en que los partidos políticos en el Paraguay se sucedieron, sumándose, restándose, multiplicándose y dividiéndose, se puede afirmar que ellos pensaron menos en la patria, que en sus círculos y en sus personas y que no emplearon el poder, sino para aprovecharse de sus ventajas.”

Por tanto, con esto queda de manifiesto que nuestra cultura política actual es nada mas la continuación de lo que viene ocurriendo en el país desde hace 50 o más años y es sobre esto que se debe trabajar.

El País necesita hoy, quizá como nunca, de sus mejores hombres y de los mayores sacrificios.
Analizar los acontecimientos desde la óptica de una visión país que trascienda lo meramente partidario, es una deuda pendiente de nuestra clase política.

No hay comentarios:

Publicar un comentario